¿Todas las empresas son de impacto?

Por: Njambre

02/18/2021

Algo que nos pasa muy seguido a quienes trabajamos en temas de innovación social y emprendimientos es que nos movemos en una especie de “ecosistema” muy activo que comparte no solo un vocabulario, sino también una forma de ver el mundo. 

A veces, como en una cueva, escuchamos nuestro propio eco y creemos que todos entienden de lo que hablamos (o entienden nuestro glosario), ¡hasta que nos toca hablar sobre nuestro trabajo! Y ahí tenemos una conversación que es más o menos así:

Ey, ¿Qué es de tu vida? ¿Dónde estás trabajando?

Trabajo en Njambre,  buscamos que existan más y mejores empresas que sean capaces de transformar la sociedad y el ambiente. 

¡Ah mirá vos que bueno!

Y generalmente ahí se termina la conversación, y nos perdemos la oportunidad de charlar sobre el aporte que todos podemos hacer para que surjan estos modelos.

Sin embargo, a veces enganchamos a algún curioso que no se queda con esa respuesta y la charla sigue más o menos así.

Pará, pará, más despacio ¿esas son las empresas sociales?

Mmm, sí y no. El término empresas sociales lo empezó a usar Yunus con la revolución de los microcréditos, y se usaba para nombrar a estas empresas que se proponen como instrumentos para superar la pobreza. Por definición son organizaciones híbridas, que persiguen una misión social con un modelo de negocio que garantiza su sostenibilidad económica, y donde las ganancias se reinvierten en la misión social.

El término empresas de impacto se empezó a utilizar para denominar a aquellas empresas que además de perseguir una misión social, buscaban hacerlo a gran escala y generar cambios sistémicos en los consumidores, los mercados y los gobiernos.

Por lo tanto, estas  empresas están dispuestas a recibir inversión y financiamiento más sofisticado, para alcanzar sus metas (y de eso hablamos cuando hablamos de inversión de impacto).

Entonces, si tengo que decir cuales son las características de una empresa de impacto diría que: busca soluciones a desafíos sociales o ambientales, es económicamente viable para poder sostener su impacto en el tiempo, aspira a la escala, a crear soluciones sistémicas que cambien la vida de las personas y el planeta e innova constantemente para adaptarse a un contexto dinámico.

Otra cosa que solemos decir es que no todas las empresas de impacto son iguales sino que tienen distintos focos: hay algunas que se proponen generar empleo a personas que generalmente el mercado no mira, otras acercar un producto o servicio a una población que por el costo o la geografía no puede acceder, y hay otras cuyo foco principal es generar una transformación en  el ambiente, a través de su forma de hacer negocios.

Entiendo pero entonces, ¿cualquier empresa que genera empleo es de impacto?

La diferencia es esencial: el punto de partida de una empresa de impacto no es el negocio en sí mismo; su prioridad es brindar oportunidades y mejorar la calidad de vida de personas en situación de exclusión: pequeños productores, recicladores, personas con discapacidad, jóvenes en riesgo, personas privadas de su libertad y otros grupos que enfrentan grandes barreras a la hora de acceder al mercado de trabajo. Y esto tiene consecuencias en el tipo de empleo que generan. 

A su vez, las empresas de impacto no solamente contribuyen a reducir el desempleo, sino que generan nuevos tipos de empleo: esto es, por un lado, brindan oportunidades de mejora de sus ingresos a personas que no podrían acceder a él por ningún otro mecanismo –para una PyME tradicional, emplear a personas con discapacidad mental, o que están en un proceso de recuperación de haber sufrido de violencia doméstica, resultaría muy costoso en términos de capacitación y acompañamiento adecuado–; y además, generan empleos que dignifican a personas en situación de exclusión: el foco no está tan puesto en el producto o servicio final, sino que el proceso productivo se convierte en una excusa para la inclusión.

Por eso, el aumento de la autoestima, la autonomía y otras dimensiones sociales asociadas a obtener un empleo o iniciar una producción propia son indicadores de éxito en una empresa de este tipo. Desde una “eficiencia productiva” tradicional, emplear a estas personas es más caro porque su capacitación y acompañamiento son más intensos; sin embargo, esto hace todo el sentido cuando justamente la prioridad de la empresa es abrir nuevas posibilidades para estos grupos y para hacerlo necesitan innovar constantemente: la empresa debe crear internamente una cultura que integre armoniosamente el negocio con el beneficio social que está buscando. Nosotros creemos que esa innovación radica en la mirada de la posibilidad.

¿Esas serían las empresas de triple impacto?

Uff, lo de triple impacto viene de una tendencia entre las grandes empresas de empezar a medir el “triple bottom line”, es decir, en lugar de medir solo el resultado económico (conocido comol “bottom line”), estas empresas miden también sus resultados en términos sociales y ambientales.

Pero creo que eso se relaciona más con medir el impacto de un negocio que ya estás haciendo y tratar de compensar lo malo, que con un emprendimiento que surge desde cero.

La realidad es que es muy difícil encontrar una oportunidad de impacto y un modelo de negocio que te permita transformar en igual medida la sociedad y el ambiente en el que vivimos. Sería como si a los ejemplos de emprendimiento que te conté antes, además de generar empleo se ocuparan de las cuestiones ambientales. Es posible y especialmente cuando se trata de recicladores urbanos, pero a veces se genera como un mantra o un aspiracional del triple impacto y tenés a emprendedores quemándose las pestañas para que esas mochilas de material reciclado que quieren hacer, también estén cosidas por un taller protegido. Spoiler alert: llega un punto donde las dos cosas entran en tensión y tenés que elegir dónde enfocar.

¿Cómo juegan las empresas tradicionales?

Estas definiciones que hice anteriormente entre empresas tradicionales y de impacto nos ayudan a comprender mejor el modelo. Sin embargo, las empresas tradicionales juegan un papel importantísimo en la sociedad y tienen un potencial enorme de impactar positivamente tanto en términos ambientales como sociales. Es por eso que surge el movimiento de Empresas B, que las acompaña en una transición hacia una nueva forma de hacer negocios.

El impacto que pueden tener este tipo de empresas es enorme, y de nuevo podemos abrir un abanico enorme de posibilidades, dependiendo de los recursos que tengan y cuánto se quieran involucrar.

Me gusta pensar que lo pueden ver como un gasto o como un costo.

¿Cuál sería la diferencia?

Como gasto, sería donar sus ganancias a alguna causa de su interés. Es decir, las empresas tienen un negocio que va por un lado y parte de la rentabilidad de ese negocio la vuelcan a proyectos sociales.

En otras empresas, generar impacto está contemplado dentro de sus costos de producción: por ejemplo, integrando emprendedores de impacto, cooperativas a como proveedores en su cadena de valor, o innovando en cómo sus productos pueden llegar nuevos mercados donde harían una diferencia sustancial en la calidad de vida de las personas (por ejemplo, un sistema de salud de bajo costo).

Y por supuesto, pueden cambiar su mirada sobre el talento que emplean, dando proactivamente oportunidades a grupos que antes no miraban o que veían como un problema: por ejemplo, jóvenes sin experiencia previa,  personas con discapacidad, o que pertenecen al colectivo trans. Hoy todos entendimos que la diversidad en los equipos de trabajo es un factor competitivo.

¿Y cuáles son sus incentivos para hacerlo?

En los últimos años vimos cómo estas tendencias se fueron acelerando por varios motivos. Por un lado a nivel global, el cambio climático y las situaciones complejas a nivel social hoy son innegables. La acción frente a estos desafíos está guiada por los ODS (los Objetivos de Desarrollo Sostenible), que plantean una agenda para empresas, gobiernos y organizaciones.

Además hay nuevas regulaciones, que cambian las reglas del juego y buscan incentivar otras formas de producción.

Por otro lado, también están cambiando las demandas individuales: los consumidores están cambiando y tienen nuevas demandas acerca de dónde y cómo se producen las cosas, así como también el impacto que generan en el mediano y largo plazo; a su vez, esas mismas personas buscan trabajar en empresas que estén conectadas con un propósito mayor, buscan contribuir desde su trabajo a un fin superior.

En el fondo creo que todos estamos buscando llevar una vida más plena y eso implica replantearnos nuestro trabajos, nuestros consumos, nuestra forma de vivir y esas búsquedas personales cambian nuestras demandas e impactan en las empresas, en los gobiernos, en la educación. Personalmente creo que para transformar la realidad tenemos que transformarnos primero a nosotros mismos y a nuestros equipos.

¡Ahora sí! 

Y a vos, ¿te cuesta explicar de qué trabajás?

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