La evolución de una empresa de impacto

Por: Maria Esquivel

02/18/2021

Desde que nos despertamos en la mitad de la noche con una idea que creemos que puede solucionar una situación social o ambiental, hasta que esa solución llega a miles de personas, hay que atravesar unos cuantas etapas y sus correspondientes obstáculos.

 

Emprender no es para impacientes. En Njambre detectamos tres grandes momentos que recomendamos no saltear para que nuestra idea llegue a la vida real, funcione y se instale por un buen tiempo.

Atravesar cada una de las etapas y entender a qué prestar atención en cada momento, es fundamental para crear una empresa que se mantenga en el tiempo. 

Hablar de tres etapas puntuales nos permite marcar un rumbo claro y establecer momentos clave que una empresa debe planear y atravesar. Pero sabemos que la vida no es lineal ni perfecta: esto es solo un abordaje teórico. En la práctica muchas veces no se da un proceso lineal: a veces las etapas se solapan, a veces es necesario avanzar y otras veces hay que retroceder algunos escalones. 

ETAPA 1: Idea

Conocer

Parece una obviedad, pero es el punto inicial y el momento de analizar en detalle lo que estamos por hacer. Dicen que la información es poder, y en este punto resulta esencial ponerle lupa al tema que vamos a abordar. 

¿Conocer qué? Primero, conocer la realidad. Entender profundamente una problemática social o ambiental determinada, saber realmente cuáles son las causas que la provocan, quiénes son las personas afectadas, cuáles son las soluciones que se intentaron y en qué fallaron. En segundo lugar, conocernos a nosotros mismos. Entender qué nos conecta, qué nos impulsa, qué nos genera energía y creatividad. Y por último, con toda esa información, es el momento de analizar la oportunidad de negocio y las particularidades de la industria en la que vamos a emprender.

En Njambre hablamos de conocer y analizar la realidad a través de la mirada de posibilidad: una mirada que habilita oportunidades donde no las hay, que descubra talento que nadie mira, que haga foco en lo que se puede y no en lo que falta. 

Validar

Hecho este análisis minucioso, estamos listos para testear la idea en el mundo real. Tendremos que estar preparados y disponibles para recibir comentarios y críticas que nos ayuden a mejorar nuestra idea. La experiencia nos avala para decir que la probabilidad de fracaso es bastante alta, así que este es el momento de desplegar la habilidad de tolerar ese fracaso y aprender de él. Para este momento, nuestro mantra será “fallar a bajo costo y fallar rápido”. Con el tiempo, podremos valorar lo importante de experimentar en etapas iniciales, y no perder más tiempo o más dinero. No queremos ser pesimistas, queremos construir una primera versión de nuestra idea que nos sirva para analizar nuestras hipótesis que se tenían. 

La mejor manera de validar es creando un prototipo. Un prototipo puede ser un bosquejo, un modelo o un piloto. Una versión mínima de nuestra idea, pero suficiente para entender si funciona. 

¿Qué validamos? Dos puntos esenciales: que la idea es una solución efectiva al problema que estamos abordando, y que estamos armando un negocio viable. Puede que el modelo de negocio se vea lindo en el papel pero, ¿qué pasa cuando se encuentra con la vida diaria, las costumbres, los deseos y las aspiraciones de todas las personas involucradas?

ETAPA 2: Implementación

Arrancar 

Largamos. Es el momento de poner en marcha el emprendimiento. De conseguir los primeros clientes y salir a la cancha a ofrecer ese producto o servicio que venimos pensando y validando hace un tiempo. Ahora se ponen a prueba lo resultados concretos y el impacto que queremos generar.

¿Cómo arrancar? Lo primero es llegar a los primeros clientes que confíen en vos. Si es necesario, los primeros empleados vendrán también en este momento , En esta instancia es clave diseñar las operaciones y los procesos productivos, y definir y empezar conversaciones y buenos vínculos con nuestros proveedores. Empezamos a generar y gestionar los primeros ingresos. 

Formalizar 

En general, las primeras operaciones se desarrollan bajo la figura física del emprendedor, o bajo el paraguas de otra organización u empresa más grande. Esta situación sirve para consolidar el primer equipo y alcanzar los primeros resultados, pero no puede mantenerse mucho tiempo si se quiere escalar el modelo. Llega entonces el momento de regularizar el emprendimiento.  

¿Cuándo formalizar? En la mayoría de los casos, este proceso se da cuando el nivel de facturación se incrementa al punto de que es necesario crear una figura jurídica distinta del emprendedor que está facturando como persona física.

Otras veces, la formalización llega cuando aparece una inversión que permite afrontar los costos y los riesgos que implica crear de una nueva unidad de negocios.

¿Qué cambia ahora? Nuestra idea ya tiene una forma definida. Llegamos a una etapa jurídica y financieramente formal. Y con esa formalización, generalmente se diferencian los roles: un CEO que lidera la estrategia, un administrador que gestiona las finanzas, un área de operaciones, un área comercial que buscará clientes nuevos. En algunos  casos, se conforma un directorio que vela por mantener las metas y el norte de la empresa.

ETAPA 3: Escala

Escalar

Lo logramos, nuestra empresa funciona: soluciona un problema real, y es económicamente viable. Queremos entonces ampliar esos resultados. Queremos escalar. Suena lindo, pero en la práctica la escala lleva tiempo. La realidad es que son muy pocos los ejemplos de empresas de impacto que lograron una escala significativa. 

Una empresa escala cuando baja su costo por unidad, y el costo marginal de incorporar un nuevo cliente es cada vez menor. 

¿Cómo escalar? Hay distintos modelos de escala, y ninguno es mejor que el otro. Habrá que tener en cuenta el contexto (no es lo mismo llegar a un millón de consumidores en India que en Argentina) y el modelo de negocio (es más fácil llegar a un millón de compradores de un producto, que lograr un millón de puestos de trabajo).  Además, es importante definir en esta instancia los indicadores que el equipo emprendedor se haya propuesto para cumplir, y su propia visión de escala.  

Queremos escalar porque queremos crear mercados que aumenten la oferta y nos desafíen a mejorar nuestra empresa, competir y crecer.  Queremos más emprendedores competidores que también se propongan solucionar un problema social o ambiental. 

 

Podés ver casos de empresas de impacto que atravesaron cada una de estas etapas y recomendaciones de los equipos emprendedores en nuestro curso virtual.

Compartí la nota en redes